Alimentación saludable

Hígado graso (no alcohólico)

Las enfermedades causadas por malos hábitos y alimentación poco saludable se han convertido en uno de los principales problemas de salud pública en México. Es alarmante ver que en lugar de frenarse o disminuir, este tipo de problemas van en aumento. Cada vez son más los mexicanos que padecen alguna enfermedad crónica relacionada al consumo de productos chatarra. El hígado graso (no alcohólico) no es la excepción, ya que se encuentra ligado a la obesidad, el sobrepeso, la diabetes y el sedentarismo. Sin embargo, es posible prevenirlo tomando algunas medidas.

Primero que nada, me gustaría hablar más a fondo sobre qué es el hígado graso. Como su nombre lo indica es la acumulación (excesiva) de grasa en el hígado. Es importante resaltar que es normal encontrar grasa en el hígado pero cuando ésta sobrepasa ciertos niveles se considera un riesgo de salud. 

El hígado graso se caracteriza por presentar procesos oxidativos y cambios en el metabolismo hepático. Inicia con una esteatosis simple, la cual (si no es atendida) puede evolucionar a esteatohepatitis (caracterizada por la presencia de inflamación). Cuando una persona presenta esteatohepatitis, tiene más riesgo de desarrollar: cirrosis, carcinoma hepatocelular y presentar fallas hepáticas.

¿Quiénes son más propensos a desarrollar esta enfermedad?

Se ha determinado que las personas con mayor riesgo de presentar hígado graso son quienes tienen: sobre peso, obesidad y diabetes. Sin embargo, también puede presentarse en personas delgadas.

Esta enfermedad está asociada a malos hábitos de alimentación, especialmente con el consumo excesivo de carbohidratos simples como gaseosas, bebidas azucaradas y productos ultra-procesados. Asimismo, el consumo de grasas saturadas y una vida sedentaria favorecen su aparición, por tanto, cualquier persona que lleve este estilo de vida tiene mayor riesgo de padecerla.

¿Cuál es el tratamiento para hígado graso?

El hígado graso es una enfermedad que puede ser revertida durante sus primeras etapas. El tratamiento principal es cambio de hábitos alimenticios y ejercicio.

¿En qué consiste dichos cambios de alimentación?

Es importante llevar una alimentación lo más natural posible. El primer paso es disminuir o eliminar el consumo de productos procesados: bebidas azucaradas, pasteles, papitas, embutidos, consomés, productos congelados y comida rápida, entre otros.

Una vez que liberamos nuestra alacena de estos alimentos, debemos llenarla con cereales integrales: arroz integral, quinoa, avena natural, amaranto, trigo entero, entre otros. Asimismo, debemos incluir en nuestra alimentación leguminosas como los frijoles, las lentejas, los garbanzos y las habas. Preferir el consumo de pescado y pollo sin grasa y aumentar el consumo de verduras.

Diversos estudios han mostrado que sustancias presentes en algunos alimentos podrían tener efectos muy favorecedores en el tratamiento de hígado graso. Se ha observado que especialmente aquellos que poseen actividades antioxidantes y antiinflamatorias tienen efectos positivos, como lo son las sustancias presentes en el té verde y los flavonoides que se encuentran en diversas frutas y verduras. Además, se ha visto que la vitamina E, gracias a sus funciones antioxidantes, tiene efectos positivos en la salud del hígado.

El ejercicio es otro de los elementos importantes para el tratamiento de esta enfermedad, ya que se ha visto que favorece el control de peso, tiene efectos cardioprotectores y ayuda a regular los niveles de glucosa en sangre. Se aconseja hacer por lo menos 150 minutos de ejercicio a la semana.

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Para nosotros lo más importante es facilitarte una salud integral, así que coméntanos qué otros temas te gustaría que abordáramos en este blog.

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