Alimentación saludable

Cómo las emociones afectan nuestra forma de comer

Las emociones influyen de diversas formas en nuestra salud, una de las más evidentes son nuestros hábitos alimenticios; por ello, hoy te hablaré sobre cómo nos afectan.

¿Alguna vez has escuchado sobre los experimentos de Pávlov o el condicionamiento clásico? Si no es así, te lo cuento brevemente. El psicólogo ruso Iván Pávlov experimentó con perros para ver si podía asociar un estímulo con la comida. Él sonaba una campana cada que alimentaba a los perros; al final, logró que los perros salivaran al escuchar la campana aunque no hubiera comida. Esto es el condicionamiento clásico. Inconscientemente, hemos replicado este condicionamiento en varios aspectos de nuestra vida diaria, especialmente con la comida.

Muchos momentos tristes o frustrantes de nuestra vida están acompañados de comida desde que somos niños, por hablar de un ejemplo típico, puedo mencionar las visitas al doctor o al dentista. Nos asustaba o disgustaba tanto esa experiencia que, a muchos de nosotros, nos condicionaron con una recompensa: un dulce o un helado después de asistir a la consulta. Este tipo de prácticas nos hace utilizar desde pequeños la llamada “confort food” como una recompensa después de pasar por un momento difícil o triste. Por esa razón, cada que pasamos por momentos así recurrimos a comida poco saludable (principalmente comida dulce), buscando compensar alguna situación cotidiana desagradable.

            Por otro lado, también hay factores que nos dificultan dejar estos hábitos. Diversos experimentos sobre el comportamiento humano han demostrado que nuestro ánimo afecta mucho las decisiones que tomamos, incluyendo la comida que decidimos ingerir. Además, ya que a la mayoría de nosotros nos generan un condicionamiento con el azúcar desde que somos pequeños, sin darnos cuenta nos volvemos adictos. Los productos azucarados generan en nuestro cuerpo reacciones químicas similares a algunas drogas (movilizadores de opioides), crean una sensación de satisfacción y activan el sistema de recompensa (por la liberación de hormonas, como la dopamina). Pequeñas cantidades de azúcar no generan grandes problemas; sin embargo, si abusamos o recurrimos constantemente a ese tipo de productos, aumentamos nuestros niveles de tolerancia y nos orillamos a consumir cada vez más.

            En principio puede parecer que alimentos chatarra o dulces nos pueden ayudar a sentirnos mejor, pero no es así. La sensación placentera es superficial y pasajera pues físicamente tiene un efecto negativo en nuestra función cognitiva y bienestar mental. Diversos estudios han mostrado un vínculo importante entre el consumo elevado de azúcares y la depresión.

Desde mi punto de vista, hablando a partir de mis años de experiencia como nutrióloga, me he dado cuenta de que generamos una doble carga negativa con nuestras emociones en torno a la comida. Por un lado están los reflejos condicionados, a los que hemos estado sometidos toda nuestra vida y están acompañados de reacciones químicas (secreción de dopamina por el sistema de recompensa) que generan adicción a los azúcares. Aunado a ello, los estándares de belleza también juegan un papel importante en este ciclo de sentimientos negativos. Promueven un mensaje erróneo, nos dicen que tenemos que cumplir con ciertas características y este hecho suma sentimientos de culpabilidad al comer un alimento alto en calorías. Con todo esto se genera un círculo vicioso de sentimientos negativos sobre la comida.

Podemos concluir que muchas de nuestras elecciones de comidas están vinculadas a nuestro estado emocional y que las elecciones de nuestros alimentos pueden empeorar nuestra salud física y mental. Por esa razón, cuando sufrimos algún antojo, es muy importante identificar de dónde vienen esas ganas de comer azúcar o grasas. Debemos hacer una introspección y analizar si realmente necesitamos consumir estos alimentos para sentirnos mejor o si podemos optar por otras alternativas que nos ayuden a mejorar nuestro estado de ánimo, preferentemente que no impliquen el consumo de alimentos.

Si quieres saber más técnicas para romper los vínculos emocionales dañinos que tenemos con nuestra comida, no te puedes perder nuestro taller de este jueves: Emociones y alimentación.

Si quieres aprender más sobre nutrición, no olvides consultar nuestro reto alimenticio.

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